lunes, 30 de mayo de 2011

Vé, arregla tu vida

Recorrí la calle Argentina
hasta plaza América,
con aquella chaqueta
que había comprado por un par de euros
en un mercadillo de la zona vieja.
Saludé al dependiente
nada más entrar en la tienda de discos
a la cual iba una vez por semana
para curiosear novedades, fumar unos cigarros y tener un poco de conversación.

La tienda tenía un pequeño ventilador,
que repartía aire fresco por todo el local.
Razón de más para ir a pasar los calurosos días de verano en esta ciudad.

Sé que suena a peli de Hollywood pero, repentinamente,
aquella chica y yo
estábamos sosteniendo la misma copia del Face to Face de Los Kinks.

No tardé en reconocer su cara...
Aún así
La invité a escuchar aquel album
en mi apartamento.

Aceptó y compartimos algunas botellas de vino
que guardaba desde hacía mucho tiempo
para una ocasión especial.
Aquel brebaje hacía que sus labios parecieran más rojos todavía,
y su mirada más ardiente.

Risas, excesos, derroches, caricias... Y confesiones
Por suerte o por desgracia había un señor esperando en casa a aquella señorita.
Aún así se quedó a dormir,
demasiado borracha para coger el coche y,
supongo que,
culpa de los excesos,
trató de besarme.

Me aparté de su lado con un sutil gesto
y le ofrecí mi cama para dormir.
mientras, yo vigilé su sueño,
esperando a las olas que trae consigo la resaca.

Al amanecer me dijo que deseaba volver a verme, que había sido una noche mágica.
"Vé", le dije,
"arregla tu vida y cuando tengas algo en claro, vuelve a buscarme."

Se lo dije a ella,
pero realmente era yo el que no tenía nada claro.
Pienso que el amor está sobrevalorado.
No entiendo bien a qué se refieren con amor.
Nadie en ninguna parte sabe qué diablos pasa con él.*
Y lo que sentí con aquella chica fue algo muy grande,
por eso decidí no seguir adelante,
tomar distancias, darnos un respiro.

A fin de cuentas,
¿ que pintaba yo?,
poeta sin oficio ni beneficio,
¿ en la vida de una conocida reportera del canal 6?



*Frase extraída de un diálogo del film Manhattan de Woody Allen

miércoles, 4 de mayo de 2011

Esta no es Nuestra Partida

Sé que ha llegado
para quedarse.
Está aquí para enseñarme un camino.
Uno de tantos.

Las razones del viajero son diversas y complejas.
Camina, y mira hacia atrás.
No mira por miedo,
sino por impotencia.

Se esconde detrás de un caparazón.
Tiene el mismo color que mi propio caparazón.
Y cada rasguño hace mella en el alma
a pesar de parecer completamente superficial.

Nadie diría que tiene motivos para protegerse.
Aunque si tus ojos consiguen penetrar su mirada,
sabrás que sus razones
responde a sucesos de fuerza mayor.

No serás capaz de entender a simple vista los motivos
ni la latencia que acarrea el rumbo de su vida.

En cierto momento yo también he tenido razones,
y las sigo teniendo.

No podemos decidir,
somos piezas de ajedrez
y esta no es nuestra partida.
Solo podemos planear nuestros movimientos,
pero nunca los del jugador.
Ni siquiera los de otras piezas.

viernes, 15 de abril de 2011

Hoy he vuelto a aquel viejo bar irlandés

Hoy he vuelto a aquel viejo bar irlandés.
Recordaba sus paredes, llenas de cuadros,
de caras de músicos inmortalizados sobre la pintura.
Recuerdo la borrachera de aquel año en San Patricio
y el absurdo gorrito de tela.
En la gramola suena la historia de una generacion,
desde Muddy Watters hasta los Rolling 
Es una noche tranquila en el pueblo,
estoy al lado de casa.
al llegar a cualquier ciudad
busco desesperado algún garito
parecido a este.
Sin embargo aquí no me paso ni un solo día.
Este viernes no pesa la resaca,
ni invaden la mente pensamientos de la noche anterior.
Me gustan los viejos bares
donde los teléfonos móviles pierden completamente la cobertura.
Frutas del bosque, buena compañia y mejor música.
Prometo volver más veces por este viejo bar irlandés.

jueves, 7 de abril de 2011

Mañana odiaré al despertador

De un tiempo a esta parte
ya no me preocupo
de si quedan pelos largos
en el parqué de mi habitación.
Nunca callan las guitarras,
las plumas no se desangran
y el viento sopla a favor.

Jugamos la partida,
y tratamos de serenar
nuestras ganas.
Ya no es la primera vez que ganas,
no detengas tu camino,
no te precipites,
pequeño rock and roll.

No me preocupo por mi,
conozco bien las reglas del juego,
me preocupa el entresijo
que se está formando en tu cama.
Entre duermevela y diapasón,
pasan largas y eternas las noches,
sudo frío, y sonrío al despertar.

Mañana odiaré al despertador,
pero es una cláusula que firmamos,
tú, yo y el destino,
en tiempo en que nos tocó vivir.

domingo, 3 de abril de 2011

El problema son las Radiofórmulas

Es domingo y hace sol,
no parece abril.
La calle huele a verano y a playa.
Unas cuantas personas conocidas
y una ciudad ajena para mi.

Un paquete de cigarros en el salpicadero
Y comida basura "to take away".

Tengo sueño pero la mente está más despierta que nunca.
Y, por qué no decirlo,
estoy un poco harto
de esta vida occidental.

Tiembla el volante a 110 por la autopista
y yo no tengo ganas de llegar a casa.

El problema no son los Strokes, ni los Rolling ni Television.
Nada de eso.
El problema es la falta de criterio,
las radiofórmulas y la frecuencia modulada en el transistor,
las confusas señales de tráfico y la marcha atrás.
El punto muerto, los radiadores con aire,
las cámaras de gas, los escudos y las banderas...
El problema es la gente apaleando con palos de golf por las aceras...

Llegamos a la ciudad, y nadie parece darse de cuenta,
Una limusina blanca con banderitas atraviesa en dirección contraria,
y las parejas comparten helados con sabor a fresa y vainilla.


Parece que en la calle ya nadie quiere cambiar el mundo.
Transición paulatina y gasolineras vacías.


Hace tiempo que estoy buscando en la ciudad.
Pero puede que sea la ciudad equivocada.

viernes, 25 de marzo de 2011

Se escondía entre la gente

Bajamos juntos aquella avenida.
había estado en obras años atrás.
El alcalde de turno hizo un buen trabajo.
Aceras kilométricas para personas
tan preocupadas en no llegar tarde al trabajo,
que ni siquiera fueron conscientes del cambio.

El tema es que llegamos al local de moda por aquel entonces.
Las luces parpadeaban, la gente bailaba y los fumadores se escondían.

Ella me miraba, sonreía, y se escondía entre la gente.
Miraba, sonreía, y se perdía entre la gente.

Al día siguiente no recordaba ni su cara,
no tenía ni la más mínima idea del color de su pelo,
no me hacía a la idea de como olía su cuello,
no sospechaba ni de cual sería su nombre.

Quizá sea por eso.
Ella tan solo miraba, sonreía y se perdía entre la gente.

No es tan difícil sacar una sonrisa a cualquiera.
Solo hay que mirar, hacer que sonría, y perderse uno mismo entre la gente.

jueves, 10 de marzo de 2011

La sección de refrigerados

Me crucé con ella en la sección de refrigerados.
Calamares a la romana y un par de naranjas para zumo.
Se congeló la imagen durante un segundo
y los dos pasamos de largo.
Yo paré y eché la vista a un lado
pudiendo intuir cómo ella se giraba...
me dio la sensación de que se había dejado algo atrás.

Seguí hasta la cola de la caja.
Un pack de agua de la marca Carrefour
y una baguette en sus manos.
Abrigo verde y pitillos ajustados.

Se situó detrás de mi en la cola.
La miré,
ella torció la vista.
Pagué aquellos productos,
recogí la bolsa,
ella sonrió y dijo:
deberías de traer una bolsa de casa.
Yo sonreí y me largué del supermercado.

Sé que nunca será tan interesante como yo la imagino,
pero también sé que había algo detrás de aquellas gafas...
y de aquella melena castaña.
Quizá fuese ella
una chica del futuro.